Si estudiamos el funcionamiento del cuerpo humano, podemos notar claramente que existen células que no podrían existir por sí mismas independientemente de las demás células del cuerpo. Así, si hablamos de una célula muscular, hepática o de una neurona, podremos ver que estas células “superespecializadas” en funciones específicas y complejas necesitan del apoyo estructural y de nutrientes producidos por otras células. El ejemplo que tomaremos aquí será el de las neuronas, las cuales requieren de otras células llamadas astrocitos, que, a través de unas prolongaciones de su citoplasma llamadas “pies terminales”, toman de los capilares sanguíneos nutrientes, que luego llevan a la neurona para permitirle seguir viviendo y cumpliendo con sus funciones. Estos astrocitos en su conjunto forman lo que se conoce como la barrera hematoencefálica. No sólo eso, sino que también las neuronas requieren de otras células que les sirvan de soporte o que les ayuden en la transmisión del impulso nervioso, tales como las células de Schwan que forman parte del axón de las neuronas motoras en el sistema nervioso periférico.*(En caso de utilizar esta información, favor de citar la fuente)